domingo, 27 de enero de 2019

Una niña de 24 siglos

"Child of all ages" es un relato de ciencia ficción que cuenta la historia de una niña inmortal, Melissa, que ha vivido a lo largo de 24 siglos. Llegué a este relato a través de Wikipedia y un libro de programación. El libro era "The Elements of Programming Style", de Kernighan (co-creador del lenguaje de programación C) y P.J. Plauger.

Consultando la página de Wikipedia de Plauger leí que además de ser un prolífico autor de libros de programación también fue escritor de ciencia-ficción. Creo que nunca llegó a publicar una novela, pero sí muchas historias cortas. En concreto, "Child of all ages", es quizás su relato de ciencia-ficcion más conocido. Publicado en la revista Analog (marzo, 1975), este relato le valió un premio John W. Campbell al mejor escritor novel ese mismo año, llegando incluso a superar a John Varley, que a posteriori sí conseguiría hacer una carrera mucho más sólida en el mundo de la ciencia-ficción.

No llegué a encontrar este relato en español, aunque sí en inglés. No sé muy bien por qué razón, comencé a traducirlo. Anteriormente había traducido otro relato, "The wisdom of Eve", también muy difícil de encontrar en español, y creo que esa inercia fue lo que me impulsó a traducir éste. Posteriormente descubrí una entrada, ¡solo una!, en todo Internet que hacía referencia a este relato (Tratando de encontrar una historia sobre una niña inmortal), y pensé que sería buena idea terminarlo y compartirlo.

Decía Plauger en el prefacio de la edición de "Child of all ages" en formato Kindle, que escribió la historia de un tirón, un día al llegar a casa después de una jornada de trabajo en AT&T.  El personaje principal, Melissa, está insipirado en una niña real. La hija de unos amigos de Plauger, que tristemente falleció a una edad adulta temprana.

Tuve dudas sobre si traducir el título como "Niña de todas las edades". Finalmente opté por traducirlo como "Niño de todas las edades", a pesar de que la protagonista es una niña. La razón es que el título es un juego de palabras de la expresión "Children of all ages" (Niños de todas las edades), donde "children" se refiere tanto a niños como niñas. La palabra "niño" en español es el equivalente a "child", mientras que "niña" sería "girl". A la hora de traducir, quise ser lo más fiel posible a las expresiones del texto original.

Por último, comentar que además del premio John W. Campbell el relato fue nominado para los famosos premios Nebula de 1975 y Hugo de 1976. También le sirvió a Plauger para ser invitado a escribir un relato, "The Dawn Patrol" ("La patrulla del atardecer"), para la famosa colección de cuentos "Visiones Peligrosas" de Harlan Ellison. Y ya para terminar, el propio Plauger hizo adaptación teatral de este relato que está incluída en la edición del texto en formato Kindle.

Aquí os dejo el relato: Niño de todas las edades.

Niño de todas las edades

por P.J.Plauger

La niña se sentó en la sala de espera con sus manos dobladas cuidadosamente en su regazo. Vestía un alegre vestido estampado hecho de uno de esos materiales que habría revelado rápidamente la baratija que era si no hubiera sido cuidadosamente impreso. Sus zapatos a juego estaban hechos con el mismo sumo cuidado. Se sentó erguida y con remilgo, sin inquietud, sin arañar sus zapatos contra las patas de la silla, mostrando una paciencia que legiones de monjas se habían esforzado, en vano, en inculcar a otros niños. Ésta parecía como si hubiera hecho muchas esperas.
May Foster se apartó del espejo bidireccional desde el cual había estado estudiando a su más reciente problema. Siempre se sentía un poco culpable por tener que espiar a niños como este antes de entrevistarlos, pero sin reparos se convencía a sí misma de que le ayudaba a gestionar sus casos mejor. Al evaluar un entrevistado de antemano, se ahorraba preciosos minutos de discusiones y podía normalmente ganar ventaja al principio. Lidiar con niños problemáticos era una proposición donde valía todo, si querías sobrevivir al trabajo sin úlceras.
Aquella paciente podría ser parte de su teatro, pensó May por un momento. Pero no, no tenía sentido. Magníficos actores como eran, estos niños siempre se guardaban sus mejores interpretaciones para su público. No había razón para que la niña sospechara del espejo especial en su primera visita a la oficina de la Sra.Foster. Una de las mejores ventajas que proporcionaba el espejo, de hecho, era el conocimiento sobre cómo se comportaba el niño cuando un trabajador social no estaba en la habitación. Jekyll y Hyde parecían gemelos comparados con los cambios de personalidad de los que May había sido testigo en quince años como orientadora.
May salió del armario oscuro, encendió las luces de la habitación y regresó a su escritorio. Le echó un vistazo a la carpeta una última vez, la cerró delante de ella y presionó el botón de intercomunicación.
─ «Lousie, puedes traer a la niña dentro ahora».
Hubo una pequeña espera, entonces la puerta de la oficina se abrió y la niña entró. A pesar de todos sus preparativos, May se sorprendió. La niña era delgada, mucho más delgada de lo que parecía estando sentada, pero no hasta el punto de parecer falta de salud. Más bien, era el tipo de delgadez que uno ve en gente que todavía está activa a los noventa años. No enjuta, pero que muestra resistencia. Y aquellos ojos.
May fue uno de los primeros voluntarios de Peace Corps que había visitado África Central. Durante dos años luchó contra el hambre y la malnutrición con cada arma, teniendo en cuenta el dinero, que la tecnología moderna podía proporcionarle. A la larga era una batalla perdida, porque la política y los odios tribales condenaban a miles y miles a morir lentamente de hambre. Allí es donde había visto aquellos ojos antes.
Los niños podían sobrevivir al dolor y al hambre, a las marchas forzadas, incluso a la pérdida de sus padres, y aún recuperarse finalmente gracias a la plasticidad de la juventud. Pero cuando sus carnes se derretian hasta el hueso,  con sus barrigas dilatadas, entonces se tornaba una mirada en sus ojos que permanecía con ellos para siempre durante los pocos días que les quedaban de vida. Era una lección aprendida demasiado pronto la de que el mundo adulto no merecía de su confianza, la comprensión de que la muerte era una fuerza real e inminente en su mundo. Durante los siguientes diez años, las pesadillas de May estuvieron poseídas por niños que la miraban con aquellos ojos.
Ahora esta niña estaba frente a ella y la penetraba en su alma con unos ojos que habían mirado demasiado cerca a la muerte.
Tan pronto como había sido capturada, May se sintió liberada. La niña echó un vistazo a la habitación, como si estuviera buscando salidas de emergencia, advirtiendo los documentos del escritorio de May con un rápido barrido de ojos, entonces se encaminó hacia la silla de visitantes y se plantó en ella de golpe.
─ «Mi nombre es Melissa», dijo, dibujando una nerviosa sonrisa ─ «Tu debes ser la Sra.Foster». Se comportaba como una niña pequeña ahora, retorciéndose un poco y golpeando un zapato contra el otro. Sus ojos brillaban con juventud despreocupada.
May se sacudió, recuperándose lentamente. Pensó que había visto de todo antes, hasta ahora. Su pizca de ingenuidad era perfecta, Melissa parecía más una niña modelo de dieciocho años que una alborotadora crónica en proceso de construcción. ¿Qué edad tenía? Catorce. ¿Catorce?
─ «Te han echado de la escuela por tercera vez este año, Melissa», dijo con rigor profesional. May puso su mejor Mirada Autoritaria, fuerza tres.
─ «Sí», dijo la niña sin rastro de remordimiento. La mirada se desvaneció, cambiando a Comprensión Empática.
─ «¿Quieres contarme más sobre ello?», preguntó May gentilmente.
Melissa se encogió de hombros.
─ «¿Qué quieres que te diga? El viejo M...eh, el Sr.Morrisey y yo empezamos a discutir otra vez en clase de historia». Se rió ─ «Tuvo que sacar sus galones para ganarme». Cara seria.
─ «El Sr.Morrisey ha estado enseñando historia durante mucho años», May dijo apaciguadamente ─ «Quizás le pareció que él sabe más sobre el tema que tú».
─ «¡Morrisey tiene la cabeza cuadriculada!» Las cejas de May se dispararon, pero la niña ignoró el reproche, para su enfado.
─ «¿Sabes que estaba intentando colarle a la clase? Trataba de explicar que la Revolución Industrial en Inglaterra fué un paso hacia atrás».
─ «Niños trabajando seis o siete días a la semana en las fábricas, haciendo catorce horas seguidas, todo para ganar unos pocos peniques a la semana. ¡Era todo lo que veía! Nunca se le ocurrió preguntar porque lo hacían si las condiciones eran tan terribles».
─ «Bien, ¿y por qué lo hacían?», preguntó May sin pensar. Se había quedado atrapada por el entusiasmo de la niña.
La niña la miró con condescendencia.
─ «Porque era lo mejor que había en la ciudad, he ahí el por qué. Si no te gustaba ir a la fábrica, siempre podías tratar de mendigar, robar, o trabajar en una granja. Si te veían mendigando o robando por aquel entonces, te quemaban en aceite. En serio. Y el trabajo en la granja…». Hizo una mueca.
─ «Eso eran siete días a la semana de romperte el lomo desde antes de que salía el Sol hasta después de que se ponía. ¿Y qué tenías que demostrar para eso? En un buen año, tenías para comer; en un año malo pasabas hambre. Pero trabajabas duramente tanto si tenías el estómago lleno como vacío. Incluso más duro».
─ «Y al menos con un trabajo en la fábrica tenías dinero para comprar la comida que hubiere cuando fallaban las cosechas. A eso se le llama progreso, lo mires como lo mires».
May reflexionó por un momento.
─ «¿Pero qué hay de los niños mutilados en las fábricas?», preguntó ─ «¿Qué hay de los niños cuya salud fue perjudicada por respirar polvo o avivar fuegos o no tomar el Sol lo bastante?».
─ «¿Has visto alguna vez a un mozo de labranza ser pisoteado por una cuadrillas de caballos? ¿Has sufrido alguna vez una insolación?», resopló ─ «Seguro que esas fábricas eran malas, pero todo lo demás era peor. Trata de explicarle eso al viejo Morrisey».
─ «Hablas como si hubieras estado allí», dijo May con un toque de diversión.
─ «Leo mucho», respondió rotundamente.
De pronto May se acordó por qué estaba allí.
─ «Incluso si tuvieras razón, podrías haber actuado con un poco más de tacto, sabes». La niña simplemente se quedó mirando y se agazapó en su silla ─ «Le has interrumpido la clase dos veces hasta ahora, y también una vez a la Sra.Randolph». May hizo una pausa, puso una marcha más en su modo Comprensión Empática ─ «Sospecho que tu problema no es solo escolar. ¿Cómo te van las cosas en casa?».
Melissa se volvió a encoger de hombros. Era un gesto muy adulto.
─ «Casa». Su tono eliminó cualquier connotación positiva que la palabra pudiera tener. «Mi p...mi padre adoptivo murió el año pasado. Ataque de corazón ¡Bam! La Sra.Stuart todavía no lo ha asimilado». Una pausa.
─ «¿Y tú?»
La niña lanzó una rápida mirada ─ «Todo el mundo muere, tarde o temprano». Otra pausa. «Me hubiera gustado que el Sr.Stuart hubiera aguantado un poco más. Parecía que estaba bien».
─ «¿Y tu madre?», preguntó May delicadamente.
─ «Mi madre adoptiva está deseando que crezca y me vaya de casa. Jesús, me casaría con alguien el próximo mes si la ley lo permitiese». Se movió incómodamente.
─ «Sigue trayendo chicos a casa para que salga con ellos».
─ «¿Te gusta salir con chicos?»
Una mirada calculadora.
─ «Algunos. Quiero decir, me gustan los chicos, pero no me siento preparada para asentarme todavía». Rió nerviosamente ─ «Quiero decir, no odio a los chicos ni nada parecido. O sea, todavía tengo mucho tiempo para ese tipo de cosas cuando crezca».
─ «Tienes casi catorce años».
─ «Soy pequeña para mi edad».
Otra táctica.
─ «¿La Sra.Stuart te alimenta bien?».
─ «Sí, claro».
─ «¿Intentas llevar una dieta equilibrada?»
─ «Por supuesto. Mira, soy delgada por naturaleza, eso es todo. Puede que la Sra. Stuart sea insufrible, pero no está tratando de matarme o algo parecido. Sólo es eso». Una ligera sonrisa atravesó su cara ─ «De acuerdo, lo entiendo».
Melissa pasó a modo falso barítono pedante.
─ «Un síndrome habitual en la sociedad urbana moderna es la aparente falta de nutrición en las jóvenes pubescentes. Aunque dentro de un entorno económico que alza su voz contra la falta de recursos financieros o educación alimentaria, tal tema sin embargo muestra una aparente incapacidad para adquirir suficiente sustancia como para desarrollarse».
─ «El sujeto se encuentra a menudo en un entorno que carece de uno o más roles vitales de apoyo masculino y, en un examen detallado, revela una preocupación mórbida por los cambios funcionales que inciden en el inicio de la condición de mujer. La insuficiencia dietética es claramente un vehículo tácito para evitar las responsabilidades asociadas con tales cambios».
Respiró exagerada y profundamente.
─ «¡Uf! Ese Anderson es un sinvergüenza. Así que te empaquetaron su libro en Psicología Conductiva también, ¿eh?». Sonrió dulcemente.
─ «¿Por qué? Sí. Es decir, lo leemos. ¿Cómo lo supiste?».
─ «Lo vi en tu estantería. ¿Tienes algún caramelo?».
─ «Uh no».
─ «Muy mal. El último trabajador social con el que traté siempre tenía algo a mano. Usted también debería. Es bueno para las relaciones públicas». Melissa miró sin rumbo alrededor de la habitación.
May se estremeció de nuevo. No se había sentido tan fuera de control en años. No desde que la pusieron a prueba con otros niños negros del ghetto. Se mantuvo en sus trece.
─ «Ha sido una actuación muy bonita, Melissa. Veo que lees mucho. ¿Pero alguna vez se te ocurrió que lo que Anderson dijo podría aplicarse a ti? Incluso si bromeas con ello».
─ «Quieres decir, ¿vigilo lo que como porque tengo miedo de crecer?».  Asintió.
─ «Será mejor que lo creas. Pero no por ese engaño que Anderson propaga».
La niña miró las fotografías en el escritorio y miró a May a los ojos.
─ «Sra.Foster, ¿cómo es usted de abierta? No, subráyelo. Todavía no he conocido a ningún fanático que no piense de sí mismo que es la Reencarnación de la Justicia Ciega. Hagamos una prueba más pragmática. ¿Lee ciencia ficción?»
─ «Algo».
─ «Fantasía».
─ «Un poco».
─ «Bien, ¿y qué le parece? Quiero decir, ¿le gusta?». Sus ojos la miraban intensamente.
─ «Bueno, uh, creo que me gusta un poco. La mayor parte me deja indiferente». Vaciló. «Mi marido es lo que lee principalmente. Y mi suegro. Es bioquímico», agregó sin convicción, como si eso justificara algo.
Melissa se encogió de hombros como un adulto, y tomó una decisión.
─ «¿Qué dirías si te dijera que mi padre era un mago?».
─ «Francamente, diría que has creado una elaborada teoría delirante sobre tus padres desconocidos. Los huérfanos a menudo lo hacen, ya sabes».
─ «Sí, Anderson de nuevo. Pero gracias por ser honesta; es la respuesta que esperaba. Sin embargo, sospecho que», hizo una pausa, miró a la mujer con firmeza ─ «está dispuesta a creer que yo soy algo más que su niño adoptivo mal adaptado promedio».
Bajo esa mirada, May no pudo hacer nada más que asentir. Una vez. Lentamente.
─ «¿Qué dirías si te dijera que tengo más de 2400 años?».
May sintió sorpresa, miedo, euforia, una emoción que no tenía nombre.
─ «Yo diría que deberías conocer a mi esposo».

La niña se sentó a la mesa con sus manos dobladas cuidadosamente en su regazo. Los tres adultos jugaban con sus aperitivos y hablaban de cosas sin importancia. Melissa respondió a todos los intentos por incluirla dentro de la conversación con unas pocas palabras educadas, justo el número necesario de palabras precisas que una niña educada debería decir cuando es invitada por primera vez a una cena en la que no conoce a casi nadie. Pero nunca intentó empezar una conversación ella misma.
George Foster, Jr. sentía que la niña aparentemente inocente sentada en frente de él estaba esperando, pero no podía estar seguro. Una cosa de la que estaba seguro era que si esta niña era realmente más antigua que la cristiandad, no tenía ninguna posibilidad de ganarle al trivial. Concluído esto, estaba completamente dispuesto a pasar la velada de manera tranquila. Pero a su manera.
─ «¿Empezarías tú con la ensalada, papá?», le preguntó ─ «Espero que te gusten las endivias, Melissa. ¿O son también de un gusto que no se desarrolla hasta la edad adulta, como el alcohol?». La chica había rechazado una cereza seca, educadamente pero con firmeza.
─ «Estoy seguro de que me gustará la ensalada, gracias. El aliño huele deliciosamente. Es una receta casera, ¿no?»
─ «Sí, de hecho lo es», dijo George con una leve sorpresa. De repente se dió cuenta de que normalmente consideraba que todas las personas delgadas eran quisquillosas, comedores indiferentes. Un gastrónomo no tenía por qué ser gordo.
─ «Ser profesor de historia me otorga más libertad para planificar mi tiempo, más de la que tiene May», se vió explicando ─ «No cocinas cuando estás obligado a hacerlo, pero sí cocinas cuando disfrutas con ello. Esa salsa de mostaza fue una de mis primeras invenciones. ¿Quieres la receta?»
─ «Sí, por favor. No suelo cocinar, pero cuando lo hago me gusta preparar algo que esté por encima de la media». Melissa hizo este bonito cumplido con una aparente falta de engaño. También evitó, notó George, responder a la indirecta sobre su edad. Cada vez estaba más impresionado.
Partieron pan y se deleitaron con la ensalada.
¿Cómo gestiono esto? Por cierto, me ha dicho May que tienes 2400 años. Mira a su padre a los ojos, y se encoge levemente de hombros. Gracias por la ayuda.
─ «Por cierto, me ha dicho May que has estado en Inglaterra una temporada». Ahora por qué diablos había salido con esto.
─ «No se lo he dicho realmente, pero sí, estuve. Lo cierto es que debatimos sobre la revolución industrial, levemente».
¿Has estado allí?
─ «Soy medievalista, en realidad, pero también soy un poco anglófilo". George se contuvo antes de que pusiera su acento pseudo-británico entrecortado, efecto que esa frase siempre provocaba en él. Se sentía especialmente vulnerable de quedar como un idiota bajo esa mirada inocente.
─ «¿Sabes mucho sobre la realeza británica?». Era tan sútil como una amigdalectomía.
─ «Estudiamos un poco en la escuela».
─ «Siempre quise ser otro Almirante Nelson. Maldita vergüenza la forma en la que murió. Qué fue lo que dijo el rey después de su funeral, creo que fue Eduardo...». Melissa dejó su tenedor.
─ «Fue el Rey Jorge, y lo sabes. Mira, antes de que viniera aquí viví en Berkeley durante una temporada». May la miraba ─ «Sé lo que dicen mis registros. Después de todo, yo los escribí...Tal como iba diciendo, vivía en Berkeley hace unos años. Fue justo en medio de lo peor de las revueltas estudiantiles y vivíamos a menos de tres manzanas del campus. Cada día caminaba por aquellas calles y cada noche veíamos las protestas y las cargas policiales por televisión. Aún así no vi ni una sola vez ninguno de esos sucesos con mis propios ojos».
Los miró de uno en uno.
─ «Algo podría estar pasando a una manzana, algo que atrajese a la televisión y a los furgones policiales, y no me enteraría de ello hasta que llegase a casa y pusiese a Cronkite. Creo que una vez respiré gas lacrimógeno». Cogió su tenedor.
─ «Puedes preguntarme todo lo que quieras, Dr. Foster, sobre almirantes y reyes y fechas. Supongo que eso es de lo que va la historia. Pero no esperes que te cuenta algo que no haya aprendido en la escuela. O haya visto en televisión».
Clavó agresivamente un último trozo de endibia. La miraban mientras comía.
─ «Los niños no son invitados a los sucesos que hacen historia. Hasta hace poco todo lo que hacían era trabajar. Trabajar hasta que llegaban a adultos o hasta que morían de hambre o hasta que los mataba una guerra pasajera. Eso es lo más cerca que los niños han estado de la historia, fuera de clase. Las fechas no importan demasiado cuando todos los días son iguales».
George se había quedado sin nada que decir después de aquello, así que se levantó y fue al aparador donde los platos principales se mantenían calientes. Hizo un elaborado ejercicio sacando tapas y recogiendo esterillas.
─ «¿De verdad tienes 2400 años?», preguntó George Foster, Sr. De repente, la pregunta ya estaba hecha.
─ «Por lo que yo puedo calcular», jugueteaba con el pollo y las empanadillas en su plato ─ «Como dije, las fechas no significan mucho para un niño. Fue hace doscientos o trescientos que de verdad me puse a pensar cuando empezó todo. Por aquel entonces, fue un poco duro reconstruirlo. Ahora son 2430 años. Ponle una década arriba o una década abajo». ¡Ponle una década arriba o una década abajo!
─ «¿Y tu padre era un mago?», prosiguió May ─ «No era un mago, era un hechicero». Estaba un poco exasperada ─ «No practicaba la magia o hacía conjuros; era un hombre sabio, un escolástico. Podrías llamarlo un científico, salvo que no había demasiada ciencia por aquel entonces. ¡No es que no supiera mucho de algunas cosas!, obviamente sí sabía, pero no trabajaba con un conjunto organizado de conocimiento como hace la gente ahora».
De alguna manera se había contenido para no llenar su plato y darle una buena dentada al pollo sin tener que interrumpir su exposición. George se maravillaba con las grandes habilidades sociales que tenía la chica.
─ «De cualquier modo, él estaba trabajando en un método para restaurar la juventud. Todo el mundo estaba, en aquellos días. Estaba muy de moda. Hubo de hecho bastante progreso. Recuerdo que un viejo abuelo recobró su salud sexual durante treinta años».
─ «¿Quieres decir que sabes cómo revertir el proceso de envejecimiento?», preguntó George, Sr. con atención. El candelabro no podía borrar todas las líneas de su rostro.
─ «Perdona, no, no dije eso». Observó atentamente la expresión del anciano Foster, su tono le rogaba encarecidamente que la creyera ─ «Solo dije que sé de un hombre que lo hizo una vez. Durante un tiempo. Pero no le dijo a nadie cómo lo hizo, por lo que yo sé. Ese conocimiento murió con él».
Melissa se volvió hacia los demás, esperando que la creyeran.
─ «Mira, así es como era la gente, hasta las décadas más recientes. El secretismo es lo que evitó que la ciencia no floreciese antes. He visto la digitalis ir y venir como remedio al menos tres veces hasta que su uso se convirtió en conocimiento general...De verdad no te puedo ayudar», dijo cuidadosamente.
─ «Te creo, hija». George, Sr. alcanzó la botella de vino.
─ «Mi padre se pasó la mayor parte de su tiempo tratando de adivinar a la competencia. Supongo que los demás hacían lo mismo. Su único caso de éxito soy yo. Encontró una manera de parar el proceso de envejecimiento justo antes de la pubertad, y es lo que me ha funcionado durante todo este tiempo».
─ «¿Te dijo cómo lo hizo?», preguntó George padre.
─ «Sé lo que hay que hacer. No comprendo cómo funciona, pero sé que no sirve en adultos».
─ «¿Lo has intentado?».
─ «Extensamente». Una puerta de hierro que se cerraba resonó en esa palabra.
─ «¿Podrías describir el método?».
─ «Podría. Pero no lo haré. Quizás sea solamente un producto de mi época, pero el secretismo parece el único refugio seguro en este asunto. He tenido unas cuantas experiencias dolorosas”. Esperaron, pero ella no elaboró más.
George, Jr. se levantó y limpió la mesa. Se estiró para coger un plato y se paró.
─ «¿Por qué nos has contado todo esto, Melissa?»
─ «¿No es obvio?». Dobló sus manos en su regazo en esa postura de infinita paciencia ─ «No, supongo que no lo es a menos que hayas vivido como yo he vivido».
─ «Después de que murió mi padre, estuve merodeando por Atenas durante un rato. ¿Ya he dicho que es ahí donde vivía? Pero me conocía demasiada gente y empezaron a preguntarse entre ellos por qué no crecía. Algunos de los hechiceros comenzaron a mirarme de manera especulativa, eso fue antes de que madurara y huyera de la ciudad. No quería morir como prisionera antes de que  alguien llegase a la conclusión de que no tenía nada útil que divulgar.
─ «Pronto me dí cuenta de que no podía escapar de este problema fundamental. Siempre hay alguien dispuesto a acoger a un niño, sobre todo uno sano que esté dispuesto a hacer algo más que su parte del trabajo. Pero después de unos pocos años, se hace obvio que yo no seguía creciendo al igual que los otros niños. La sospecha conduce al miedo, y el miedo conduce a problemas. He aprendido a juzgar con amabilidad cuando llega la hora de seguir adelante».
George, Jr. colocó un servidor cubierto sobre la mesa y descubrió un pastel de capas de chocolate. Al igual que todos los niños de cualquier época, Melissa sonrió encantada.
─ «Es de verdad un fastidio parecer una niña, siendo una niña, especialmente ahora. No puedes obtener un trabajo y pagar el alquiler de un apartamento. No puedes sacarte el carné de conducir. Tienes que pertenecer a alguien e ir a la escuela, o sino alguna agencia del gobierno te dará problemas. Y gracias a los registros modernos, tienes que construir una existencia creíble en papel también. Cada vez es más difícil».
─ «Me parece a mí», intervino George, Jr., «que tu mejor apuesta sería emigrar a alguno de los países menos desarrollados de África o de América del Sur. Sería menos problemático».
Melissa hizo una carantoña.
─ «No, gracias. Aprendí hace tiempo a quedarme con la gente que tiene el mayor estándar de vida. Vale la pena el esfuerzo...Nur wer in Wohlstand lebt, lebt angenehm. ¿Conoces a Brecht, no? Bien».
La niña dejó toda pretensión de querer seguir conversando para zamparse un trozo de tarta.
─ «Ha sido una cena excelente. Gracias». Se limpió suavemente los labios con la servilleta ─ «No he contestado a vuestra pregunta completamente. Os cuento todo sobre mí porque ha llegado la hora de pasar página otra vez. He pasado mucho tiempo con los Stuart. Mis registros ya no me son útiles ahora, de hecho son una vergüenza. Para seguir como hasta ahora, tengo que hacer unos nuevos y colárselos a alguien, de algún modo. Pensé que sería más fácil esta vez contar la verdad». Los miró con esperanza.
─ «¿Quieres decir que quieres que te ayudemos a mudarte a un nuevo hogar de adopción?», George, Jr. se esforzó porque no se notase su incredulidad en su voz. Melissa miró hacia su plato de postre vacío ─ «George, eres un idiota insensible», dijo May con inusitado fervor ─ «¿No lo entiendes? Nos está pidiendo que la acojamos». George estaba atónito.
─ «¿Nosotros?» Bien, ah... Pero no tenemos ningún hijo con el que ella pueda jugar. Quiero decir...». Se calló la boca antes de que empezara a balbucear. Melissa no tornaba la mirada. George miró a su mujer, a su padre. Estaba claro que lo habían superado por completo y ya se habían decidido.
─ «Supongo que es posible», murmuró sin convicción. La niña irguió al fin la mirada, lágrimas acechaban las esquinas de sus ojos.
─ «Oh, por favor. Soy buena con la casa y no hago ruido. Y he estado pensando, quizás no sé mucha historia, pero sé mucho sobre cómo la gente vivió en muchos lugares y épocas diferentes. Y puedo leer todo tipo de idiomas. Quizás podría ayudarte con tus estudios medievales». Las palabras se apelotonaban unas sobre otras.
─ «Y recuerdo alguna de las cosas que intentó mi padre», le dijo ella a George, Sr. ─ «Quizás su formación en bioquímica le permitirá observar donde le fue mal. Sé que tuvo algunos éxitos». George sabía que la niña estaba casi mendigando. No podía soportarlo.
─ «¿Papá?», preguntó George armándose de todo el aplomo que pudo.
─ «Creo que funcionará», dijo George, Sr. lentamente ─ «Sí, creo que funcionará bien».
─ «¿May?».
─ «Ya sabes mi respuesta, George».
─ «Bien, entonces», dijo todavía medio desconcertado ─ «Supongo que es fijo. ¿Cuándo puedes mudarte, Melissa?».
La respuesta, si hubo una, se perdió, en medio de sillas arrastrándose y gritos de felicidad de May y la niña. May siempre quiso un hijo, George razonó, quizás sea bueno para ella. Intercambió una sonrisa tentativa con su padre.
May continuaba abrazando a Melisa con entusiasmo. Por encima del hombro de su mujer, George podía ver la cara de la niña llena de lágrimas. Tan sólo por un pequeño momento, pensó haber percibido una expresión distraída, como si la niña ya estuviera calculando cuánto duraría aquel episodio. Pero entonces su mirada se ahogó en otro mar de lágrimas de felicidad y George se vió a sí mismo sonriendo a su hija.

La niña se sentó debajo del árbol con sus manos dobladas cuidadosamente sobre su regazo. Alzó la vista a medida que George, Sr. se acercaba. Su andar se había vuelto visiblemente menos seguro en el último año; la rigidez y el titubeo incierto debido a la edad ya no se podían ignorar. George, Sr. era un hombre orgulloso, pero no era tonto. Se apoyó cuidadosamente sobre el tocón de un árbol.
─ «Hola, abuelo», dijo Melissa con un toque de calidez. George, Sr. sabía que podía sentir su estado de ánimo, y estaba siendo cuidadosamente desarmado. «Mortimer ha muerto», fue todo lo que dijo.
─ «Me temía que pudiera pasar. Vivió una larga vida, para ser una rata de laboratorio. ¿Sabes algo del último análisis de sangre?»
─ «No». Estaba falto de energía. «Somo productos con fecha de caducidad. Murió de viejo. Podría decirlo de forma más elegante, pero eso es lo que significa. Y no sé por qué de repente empezó a perder la batalla, después de todos estos meses. Así que no sé a dónde ir desde aquí».
Se sentaron en silencio. Melissa estaba tan paciente como siempre.
─ «Podrías darme un poco de tu poción».
─ «No».
─ «Sé que tienes algo de sobra, eres cautelosa. Es por eso que pasas tanto tiempo en el bosque, ¿no es así? Haces las cosas que te enseñó tu padre».
─ «Te dije que no te ayudaría en nada y me prometiste no preguntar». No había ninguna acusación en su voz, era una simple declaración.
─ «¿No te gustaría crecer, en algún momento?», preguntó después de una larga espera.
─ «¿Elegirías ser el Emperador del Mundo si supieras que serías asesinado en dos semanas? No, gracias. Me quedaré con lo que tengo».
─ «Si estudiásemos la composición de tu poción, quizás podríamos encontrar una manera de hacerte crecer y mantenerte inmortal».
─ «No soy tan inmortal. Es por eso que no quiero que mucha gente sepa sobre mí o mis métodos. A algún idiota se le podría ocurrir pegarme un tiro en la cabeza por despecho...Puedo sobrevivir a enfermedades. Una vez incluso llegó a crecerme un dedo: tardó cuarenta años. Pero no podría sobrevivir a grandes traumatismos». Levantó las rodillas y las abrazó como protegiéndolas.
─ «Tienes que darte cuenta que la mayoría de mis defensas son profilácticas. He aprendido a anticipar el daño y a evitarlo lo máximo posible. Pero las defensas de mi cuerpo son sólo extensiones del recurso fundamental de un niño, el crecimiento. Es difícil superar una lesión sin crecer en el proceso. Una vez que ciertas glándulas toman el control, no hay forma de detenerlas».
─ «Los dientes, por ejemplo. Fueron diseñados para una vida finita, tal vez medio siglo de roer los huesos. Cuando el mío se desgasta, todo lo que puedo hacer es arrancarlos y esperar lo que parece una eternidad para que crezcan los reemplazos. También es doloroso. Así que me cepillo después de las comidas y evito los abrasivos. Me mantengo bien alejada de los dentistas y sus prácticas. Así solo tengo que sufrir cada doscientos años».
George, Sr. se sintió mareado por la idea de planificar siglos como uno podría organizar semestres. Tales palabras incongruentes saliendo de la boca de una niña sentada bajo un árbol abrazando sus rodillas. Comenzó a comprender por qué ella casi nunca hablaba de su edad o su pasado, a menos que se lo pidieran directamente.
─ «También sé mucho de bioquímica», continuó ─ «Seguramente te hayas dado cuenta a estas alturas». Él asintió, a regañadientes ─ «Bueno, he estudiado lo que llamas mi “poción” y no creo que sepamos suficiente biología o química todavía para entenderla. No lo suficiente como para hacer cambios».
─ «Sé cómo mantenerme en mi infancia. Ese no es el mismo problema que restaurar a la juventud».
─ «¿Pero te gustaría realmente poder crecer? Tú misma dijiste lo molesto que es ser un niño en el siglo veinte».
─ «Claro, es una molestia. Pero es lo que tengo y no quiero arriesgarme». Se inclinó hacia delante, con la barbilla apoyada en las rótulas.
─ «Mira, he reclutado a otros niños en el pasado, unos que me gustaron, con los que pensé que podría pasar mucho tiempo. Pero tarde o temprano, cada uno de ellos mordieron el anzuelo que estás colgando. Todos decidieron crecer “solo un poco”. Bueno, lo hicieron. Y ahora están muertos. Me quedo con mis juegos de niño, si no te importa».
─ «¿No te importa perder todo ese tiempo en la escuela? ¿Aprender las mismas cosas una y otra vez? ¿Rodeado de nada más que de niños? ¿Niños de verdad?». Puso una pellizca de malicia en el énfasis.
─ «¿Qué pierdo? ¿Tiempo? Tengo mucho de eso. ¿Cuánto tiempo ha pasado de su vida haciendo realmente investigación, en comparación con el tiempo dedicado a redactar informes y conducir al trabajo? ¿Cuánto tiempo consigue pasar la Sra. Foster hablando con niños con problemas? Tiene suerte si es un promedio de cinco minutos al día. Todos pasamos la mayor parte del tiempo haciendo tareas rutinarias. Sería inusual si alguno de nosotros no lo hiciera».
─ «Y no me importa estar rodeado de niños. Me gustan».
─ «Nunca lo he entendido¢, dijo George, Sr. medio abstraído. «Lo bien que puedes mezclarte con niños mucho más jóvenes que tú. Cómo puedes actuar como ellos».
─ «Lo entiendes al revés», dijo en voz baja. «Ellos actúan como yo. Todos los niños son inmortales, hasta que crecen».
Dejó que eso se hundiera por un minuto.
─ «Ahora te pregunto, abuelo, dime por qué debería querer crecer».
─ «Hay otros placeres», dijo finalmente, «mucho más profundos que las alegrías de la infancia».
─ «¿Te refieres al sexo? Sí, estoy seguro de que te refieres a eso. Bueno, ¿qué te hace pensar que una chica de mi edad es virgen?».
Levantó los brazos en señal de vergüenza, como si quisiera evitar tales asuntos a sus oídos.
─ «No, espera un minuto. Tú has sacado el tema», persistió ─ «Mírame. ¿Soy poco atractiva? Buenos dientes, sin marcas de viruela. No hay deformidades visibles. Una chica como yo sería material de primera clase como esposa en algunas sociedades. Particularmente donde la expectativa de vida promedio es, digamos, menor de treinta y cinco años, como ha sido a lo largo de gran parte de la historia. El celibato en la adolescencia y el matrimonio tardío son conceptos que la sociedad solo ha podido conseguir recientemente».
Ella lo miró con arrogancia.
─ «He tenido unos cuantos amantes, y puedes apostar que los he disfrutado tanto como ellos me han disfrutado a mí. No necesitas glándulas para ese tipo de cosas sino más bien terminaciones nerviosas sensibles, y un poco de comprensión. Por supuesto, todos mis novios se quedaron un poco decepcionados cuando no llegué a madurar, pero fue divertido mientras duró».
─ «Claro, sería bueno vivir en el cuerpo de una mujer, sentir todas esas hormonas que te hacen hacer cosas salvajes. Pero para mí, el sexo no es un impulso, es solo otra forma de relacionarse con las personas. Ya reconozco mi necesidad de estar cerca de personas, sin complicaciones de ningún tipo de impulso que necesite satisfacer. Mi vida sería mucho más simple si pudiera prescindir de los demás, Dios lo sabe. Ciertamente no me hace falta ser forzada por una presión glandular para ir en busca de compañía. ¿Qué más hay en la vida?».
«¿Qué más?» George, Sr. pensó amargamente. Un último intento.
─ «¿Conoces a May?», preguntó.
─ «¿Qué ella no puede tener hijos? Claro, eso fue bastante obvio desde el principio. ¿Crees que puedo ayudarla? Sí, lo crees. Bueno, no puedo saber aún menos sobre eso que lo que mató a Mortimer».
Pausa.
─ «Lo siento abuelo».
Silencio.
─ «De verdad lo siento».
Silencio.
A lo lejos, se oía un coche acercándose a la casa. George, Jr. llegaba al hogar. El anciano se levantó del tocón, lenta y rígidamente.
─ «La cena estará lista pronto». Se volvió hacia la casa. «No llegues tarde. Sabes que a tu madre no le gusta que juegues en el bosque».

La niña se sentó en el banco de la iglesia con sus manos dobladas cuidadosamente sobre su regazo. Podía oír la lluvia fría golpeando contra las vidrieras, sus escenas de martirio silenciadas por la noche que acechaba afuera. A Melissa siempre le habían gustado las iglesias. En un mundo lleno de cambios y muerte, una iglesia era un refugio familiar, un lugar de reposo para inocentes asediados en el que prepararse para nuevos encuentros con un mundo hostil. Su hora con los Foster había llegado a su fin. Incluso con la inevitable discordia al final, ya estaba lista para volver la vista atrás sobre su estancia con buen recuerdo. Lo que más la entristecía era que su predicción aquella primera noche que fuera a cenar había sido tan precisa. Tenía esperanzas de que por solo una vez su cínica evaluación de la naturaleza humana fuera errónea y se le concediera un año adicional, incluso un mes más, de felicidad antes de que se viera obligada a marcharse.
Las cosas empezaron a ponerse realmente mal después de que George, Sr. tuvo su primer derrame cerebral leve. En ese momento, George, Jr. pasó a ser el más acusador de todos (el anciano se había rendido con Melissa; tal vez era eso lo que más irritaba a George, Jr). No había nada que pudiera hacer o decir para disminuir la tensión. El solo hecho de estar allí, un niño sano y prepubescente sin cambios en cinco años de fotografías y recuerdos, su misma presencia se convirtió en una burla del declive firme del anciano hacia su mortalidad.
Si George, Jr. se hubiera comprendido mejor a sí mismo, quizás no hubiera sido tan duro con la chica (pero entonces, ella lo habría averiguado por sus cálculos). George pensaba que era May quien tanto quería tener niños, cuando en realidad era su propio subconsciente luchando por esa forma de inmortalidad menor que hizo que su hogar sin hijos pareciese tan vacío. Todo lo que May envidiaba a la niña era una segunda oportunidad para la belleza que creía perdida tras el paso de la juventud. Naturalmente, May cumplió su propia profecía, como lo hacen tantas mujeres, al ir perdiendo un poco más de resplandor con cada año que pasa.
George, Jr. comenzó a seguir a Melissa en sus viajes al bosque. La ira y la desesperación le proporcionaron un sigilo que de otra manera no le habría correspondido a él. Encontró todos sus escondites ocultos y robó insignificantes  muestras de cada una. No le sirvió de nada, por supuesto, ni a su padre, ya que la poción era extremadamente reactiva a la luz (el gran descubrimiento de su padre y el secreto mejor guardado de Melissa). La delicada larga cadena de moléculas se deshizo en una sopa sin sentido de substancias orgánicas comunes mucho antes de que cualquiera de las muestras llegara al laboratorio analítico.
Pero ese robo fue casi su perdición. Melissa no sospechaba nada hasta que empezaron los cólicos abdominales. Solo dos veces antes en su larga historia, ambas veces durante severa hambruna, había sucedido eso. En un auténtico pánico, Melissa se sumergió profundamente en el bosque, para recoger sus hierbas y mezclar sus brebajes y dormir junto a ellos en una madriguera oscura durante los dos días que tardaron en madurar. Los calambres disminuyeron, junto con su pánico, y regresó a casa para descubrir que George, Sr. había sufrido un segundo ataque.
May estaba furiosa, con qué no lo podía decir con precisión. Nadie hablaba con ella. George, Jr. había sido durante mucho tiempo una causa perdida. Melissa fue a su habitación, pensó las cosas durante un rato y se preparó para irse. Mientras se arrastraba por la puerta trasera, escuchó a George, Jr. hablar en voz baja por teléfono.
Hizo un puente al coche de un vecino y se dirigió a la ciudad. Había coches aparcando en la casa de los Foster cuando pasó, aparecieron unos tipos de ojos duros. Melissa se había cobijado en callejones más de una vez para evitar la mirada de centuriones romanos.  Podrían llamarse CIA, FBI o cualquier otro nombre del alfabeto para disfrazar su verdadero propósito en la vida, pero ella los conocía por lo que eran. Se había marchado en el momento justo.
Nadie piensa en buscar coches robados cuando un niño desaparece; Melissa tuvo algo de tiempo para maniobrar. Abandonó el Sedan en la ciudad a menos de una manzana de la estación de autobuses. En la estación, compró a la vista de todo el mundo un billete de solo ida a Berkeley. Era una de las primeras a bordo y se preocupó de preguntarle al conductor, como una niña nerviosa, si este era realmente el autobús a Berkeley. Se escabulló mientras el conductor se perdía entre papeles.
Con un rastro falso tendido, tuvo cuidado de no salir corriendo demasiado rápido en otra dirección. Lo mejor es descansar hasta la mañana, al menos, luego confiar más en caminar que en coger un medio de transporte para llegar a algún otro lugar. A pocas personas se les ocurre caminar mil millas estos días; Melissa lo había hecho más veces de las que podía recordar.
─ «Vamos a cerrar, hijo», dijo una voz detrás de ella. De repente recordó su disfraz y se dió cuenta de que el comentario iba por ella. Se dió la vuelta para ver al sacerdote dirigirse hacia ella, su sotana crujía casi imperceptiblemente ─ «Es casi medianoche», dijo el hombre con una sonrisa, «deberías volver a casa».
─ «Oh, hola, Padre. No le oí venir».
─ «¿Va todo bien? Es muy tarde para estar afuera».
─ «Mi hermana trabaja de camarera, calle abajo. A papá le gusta que la acompañe a su casa. Debería ir a verla ahora. Acabo de entrar para resguardarme de la lluvia un poco. Gracias».
Melissa sonrió con su sonrisa más sincera. No le gustaba mentir, pero era importante no parecer fuera de lugar. No se sabe cuán grande dispositivo de búsqueda podría haberse montado para encontrarla. No tenía forma de saber cuánto creerían a los Fosters. El sacerdote le devolvió la sonrisa.
─ «Muy bien. Pero ten cuidado tú también, hijo. Las calles ya no son seguras estos días».
─ «Nunca lo han sido, padre».
Melissa había pasado como un chico bastante a menudo en otras ocasiones como para saber que la seguridad, de cualquier cosa, dependía poco del sexo. Al menos no para los niños.
Ese asunto con los centuriones la preocupaba más de lo que fingía admitir. El mismo hecho de que hubiesen aparecido en tal número indicaba que George, Jr. había convencido, al menos en parte, a alguien importante.
Por suerte, no había una evidencia clara de que ella era realmente quien decía ser. Las muestras que George, Jr. robó carecían de sentido y las fotos y las grabaciones que May pudiera proporcionar de ella abarcaban un periodo de ocho años. Un tiempo demasiado largo para que una niña pequeña siguiera pareciendo una niña pequeña, pero nada fuera de lo común.
Si tenía suerte, las elucubraciones ya habían comenzado, Melissa solamente era un bicho raro de algún tipo, una adolescente tardía y una maestra del engaño. Los Foster estaban inquietos, todo eso era obvio, gracias a George, Sr. No los creerían al pie de la letra.
Melissa tenía esperanza. Sobre todo esperaba que no consiguieran un buen repertorio de sus huellas dactilares (había limpiado su habitación antes de irse). Las burocracias eran las únicas criaturas a las que no podía sobrevivir. Sería un desastre si el gobierno de los U.S.A le guardara rencor. O quizás, esta era la última vez que intentaría ser honesta durante un tiempo.
La lluvia había menguado dando lugar a constante llovizna. Era una mejora, pensó, pero todavía era imperativo que encontrase algún cobijo para pasar la noche. La lluvia enmarañaba su pelo recién cortado y se filtraba a través de su delgada chaqueta de béisbol. Tenía frío y estaba cansada.
Melissa desenterraba los recuerdos, alimentados a lo largo de cientos de años, de su primera, verdadera niñez. Recordaba a su madre, rolliza y de cabello rubio, y cuán seguro y cálido era arroparse en su regazo. Ella ya no estaba ahora, al igual que todos los millones de madres de otras eras. No había marcha atrás.
Más adelante, en el otro lado de la calle, una marquesina de cine salpicaba su luz a través de la llovizna. Letras en negro daban un saludo de bienvenida:

WALT DISNEY
SESIÓN TRIPLE
ACTUACIONES CONTINUAS
PARA NIÑOS DE TODAS LAS EDADES

Esa soy yo, se dijo Melissa, saltando hábilmente sobre la alcantarilla atascada por la lluvia. Cruzó la calle en una larga diagonal, siempre a la búsqueda de coches, y entregó su dinero en la taquilla. Dejando atrás el frío y la lluvia durante un rato, se zambulló agradecida en la acogedora oscuridad.

domingo, 18 de octubre de 2015

Capcom Sound Team

En un mundo tradicionalmente dominado por hombres, en la década de los 80 se incorporaron al equipo de sonido de Capcom numerosas mujeres que compondrían algunas de las bandas sonoras más memorables de la historia de los videojuegos. Este post es un homenaje a ese equipo. Es también un intento por dar a conocer una historia a menudo ignorada. Creo que además de denunciar los estereotipos y cánones que han marginalizado a las mujeres en el mundo de los videojuegos durante años, es también necesario difundir mensajes positivos y reivindicar que numerosas mujeres han contribuido al desarrollo de esta industria.

Sirve este post también de repaso a la gran mezcolanza que supone la creación artística. Hay obras compuestas por una única persona, mientras que otros títulos son resultado de colaboración de varios músicos, o en otros casos alguien porta un título a una nueva plataforma, variando la composición original y creando algo nuevo.

Capcom (contracción de Capsule Computers) es una empresa de videojuegos fundada en Osaka a finales de los 70 y que actualmente cotiza en bolsa. Sus orígenes se remontan a IRM Corporation, empresa que nace con el objetivo de fabricar sus propios juegos electrónicos, encargándose completamente de todo el proceso de fabricación (electrónica, carcasa, distribución, etc). En 1981 IRM funda la subsidiaria Capcom, para la fabricación de las carcasas e IRM se renombra a Sambi Ltd. En 1984, Capcom comienza a desarrollar videojuegos para arcade, siendo Vulgus su primer título. En 1985, con el port de su exitoso videojuego 1942 a NES, se inicia en el incipiente mercado de las consolas domésticas. Tras destacar como empresa dearrolladora para NES y varios arcades de éxito, Capcom abre su primera filial en USA y Capcom y Sambi se fusionan en una única empresa, bajo el nombre de Capcom.

A mediados de los 80, cuando Capcom comenzó a desarrollar sus primeros videojuegos, la empresa era básicamente una start-up a la que llegaban numerosos recién graduados o talentosos artistas sin formación reglada. Una de las primeras compositoras en llegar y que alcanzó notable éxito fue Ayako Mori. Formó parte de Capcom desde 1984 a 1986. Tiempo más que suficiente para participar en varios de los primeros éxitos de la compañía: el mencionado Vulgus, 1942, Gunsmoke (Desperado) y Ghosts'n Goblins. En esta interesantísima entrevista de 1986, Mori habla, junto con otros compositores de la época, de lo duro que resulta ser un compositor de música de videojuegos, las limitaciones del hardware o como le suele venir la inspiración justo antes de irse a dormir.

Caricatura de Ayako Mori. El texto dice: "Esta canción que escribí es magnífica! zzz zzz..." Fuente: http://shmuplations.com

Tamayo Kawamoto fue otra de las primeras integrantes del equipo de sonido de Capcom. Kawamoto y Mori trabajaron codo con codo durante los primeros años, creando conjuntamente melodías y efectos FX. Kawamoto y Mori firmaron los primeros títulos de Capcom, además del mencionado Vulgus, están SonSon y Pirate Ship Higemaru. Kawamoto permanecería en Capcom mucho más tiempo que Mori, hasta 1990, cuando fichó por Taito. Sucedió a Mori en la secuela de Ghosts'n Goblins (Makaimura), Ghouls'n Ghosts (Daimakaimura). Otros de sus éxitos fueron Pang (Buster Bros) y los shooters Legendary Wings y Forgotten Worlds. Formó parte también de la in-house band de Capcom, Alph Lyla. Esto era un fénomeno habitual en los departamentos de sonido de las casas de videojuegos niponas de los 80 y 90. Así Konami contaba con su banda Konami Kukeiha Club, Sega con su S.S.T Band y Taito con los famosos Zuntata, que llegaron a publicar incluso conciertos en VHS y LaserDisc. Con Taito, Kawamoto firmó títulos como Night StrikerGalactic Attack y la trilogía RayForce. En este video de un concierto de Zuntata se la puede ver a cargo de los teclados. 

 Kawamoto, concierto con Zuntata (1997)

Comenta Yoko Shimomura en esta entrevista con Red Bull Music, que cuando aterrizó en Capcom a finales de los 80 el equipo de sonido estaba formado enteramente por mujeres. Sin especificar quien, comenta Shimomura que la encargada del departmento de sonido era un mujer y eso facilitó que llegasen más mujeres. Quizás esa persona fuese Kawamoto. En esta foto de 1989, se puede ver a Kawamoto, en el centro, junto con el resto de miembros del equipo de sonido de Capcom, todos ellos mujeres.

De izquierda a derecha:  Kumi Yamaga, Manami Matsumae, Tamayo Kawamoto, Harumi Fujita y Junko Tamiya

Kumi Yamaga. Firmó 2 trabajos con Capcom: Section Z para NES y 1943: Battle for Midway para arcade. Quizás tenga más trabajos pero es en general muy difícil seguirles la pista. La razón es que en aquellos primeros años, Capcom y el resto de compañías japonesas de videojuegos, requerían a sus empleados firmar sus trabajos con pseudónimos, que a menudo cambiaban de título a título. La razón era evitar que otras empresas pudiesen localizar fácilmente a sus empleados y atraerlos a sus plantillas. Kumi Yamaga firmaba sus trabajos como "Yamachan", mientras que la mencionada Tamayo Kawamoto firmaba como "Tamayan" o "Tamatama".

Manami Matsumae. Otra de las legendarias del Capcom Sound Team. Muy conocida por haber compuesto la música del primer Mega Man. Firmaba sus trabajos como Chanchacorin. Su carrera en Capcom se extendería hasta principios de los 90 componiendo títulos como Dynasty Warriors (Tenchi Okurau), UN Squadron (Area 88), Mercs y Magic Sword. Después de Capcom empezó a trabajar por solitario componiendo sobre todo para Gameboy en SunSoft. Destacan títulos como Adventures of Lolo, Pilot Kids y Dragon Quest Swords: The Masked Queen y Tower of Mirrors. Su nombre de soltera fue Manami Gotoh, pero lo cambió al casarse con el también compositor Kimitaka Matsumae (Sega). En la actualidad sigue en activo, colaborando sobre todo con compañías independientes. Uno de sus últimos trabajos es Mighty No.9, proyecto financiado en Kickstarter.

Manami Matsumae al piano, Mighty No.9

Harumi Fujita. También conocida como "Mrs. Tarumi", fue otra de las históricas del Capcom Sound Team. Llegó a Capcom en 1985 procedente de SNK, donde compuso la banda sonora de Mad Crasher. Trabajó principalmente en NES y en arcade (CPS1). Su carrera en Capcom se alarga hasta 1990, donde destacaría en títulos como Ghosts'n Goblins (efectos FX), Bionic Commando (versión arcade), Gargoyle's Quest o Mega Man 3. Después se haría independiente y comenzaría a trabajar para distintas compañías como SNK, Sony o Konami. En esta etapa destacan Skyblazer (Sony, SNES), Pulstar (SNK, Arcade), Blazing Star (SNK, Arcade) y Hell Night (Konami, PS). Su último trabajo fue Magical Tetris Challenge (Capcom, Gameboy Color).
 
Skyblazer, uno de los últimos trabajos de Fujita en Capcom

Sobre Junko Tamiya ya hablé en este otro post: Bionic Comando, que sin duda me ha servido de inspiración para escribir este.

Años después, a medida que muchos de los miembros iniciales iban abandonando Capcom, el equipo de sonido cambiaría por completo, pasando a estar formado por 3 hombres y 3 mujeres, como se puede apreciar en esta foto de 1991.

De izquierda a derecha: Yasuaki Fujita, Yoko Shimomura, Masaki Izumiya, Minae Saito, Isao Abe y Mari Yamaguchi

Yoko Shimomura. Estamos hablando de una auténtica rock-star, leyenda viva de la historia de la música de los videojuegos y que todavía sigue en activo. Mientras estudiaba en la Osaka College of Music, un anuncio de una empresa de videojuegos buscando nuevos talentos para su equipo de sonido llamó su atención. Si la formación en composición en la facultad de música era ya de por sí escasa, la formación en música digital era nula. Pidió consejo a un profesor que la desanimó a probar suerte, pero su entusiasmo la llevó finalmente a Capcom en 1988. Cuenta en su entrevista con Redbull Music lo duro que resultaba al principio componer temas originales y además hacerlo bajo duras fechas de entrega. Tras varios títulos menores como Samurai Sword y Sweet Home, se encarga de la música de Adventures in the Magic Kingdom para NES, una coproducción de Capcom y Disney. No es un título de gran éxito pero quizás explica la razón por la cual Shimomura se encargaría años después de la música de Kingdom Hearts (el crossover de Final Fantasy y personajes Disney). Colabora en títulos de éxito como Final Fight y Gargoyle's Quest. En 1991 le llega probablemente el encargo más importante de su vida, Street Fighter II ¿Qué decir de Street Fighter II? Cualquier aficionado, y no tan aficionado, a los videojuegos puede tatarear algunas de sus melodías. Fue un éxito mundial absoluto. A partir de Street Fighter II, explotaría el género de lucha one-vs-one, con títulos como Mortal Kombat, Fatal Fury, Art of Fighting o King of Fighters. Sobre la historia del desarrollo de Street Figher II, y para los que dispongan de bastante tiempo, recomiendo la lectura del long-read Street Fighter II: An Oral History. Tras Street Fighter II su otro gran éxito dentro de Capcom es el RPG Breadth of Fire (una banda sonora compuesta de un solo tema). La calidad de Breadth of Fire llamó la atención de Square (creadores de Final Fantasy y básicamente especializados en el género role o RPG), empresa por la que ficharía en 1993. Desde que comenzó a hacer música de videojuegos, Shimomura estaba interesada en crear composiciones orquestales y el género RPG se prestaba a ello. Con Square firma títulos como Secret of Mana (Seiken Densetsu II), Super Mario RPG, Parasite Eve y el mencionado Kingdom Hearts, todos ellos juegos de rol.

Diggin' in the Carts: Episodio 3. Yoko Shimomura habla sobre Street Fighter 2

Conversación entre Yoko Shimomura y Manami Matsumae sobre su etapa en Capcom

Versión de Ryu stage de Alph Lyla y el guitarrista Yuji Toriyama

Minae Saito. Entró en Capcom 1991. Su trabajo más destacado es Megaman 4 para NES. También trabajó en SNES en títulos como Super Buster Bros y Breadth of Fire. Dejó Capcom en 1993, pero su papel como compositora de Megaman le permitió volver a colaborar en la franquicia en 2010 (Megaman 10).

Mari Yamaguchi. Trayectoria muy similar a Saito. Comenzó creando efectos de sonido para U.N Squadron (Area 88) y también se encargó de adaptaciones como Super Ghouls'n Ghosts para SNES o Street Fighter II: Champion Edition para TurboGrafx. Su trabajo más destacado es Megaman 5 para NES y al igual que Saito, volvió a colaborar con la franquicia en 2010. Junto con  Shimomura y Saito, formó parte de Alph Lyla.

El Capcom Sound Team no estaba solamente formado por mujeres. Compositores destacados han sido Yasuaki Fujita (Megaman 3, Breadth of Fire y autor también del jingle de los 90 de Capcom) o Takashi Tateishi (1943, Megaman 2, U.N Squadron, Willow), pero es innegable que existía una gran presencia del género femenino en el departamento de sonido ¿Y cuál fue la razón para que esto fuese así? Creo que fundamentalmente existen dos razones que explican este hecho. La primera es que no se trataba de algo poco común. Namco contaba con Junko Ozawa, una auténtica pionera en música de videojuegos. Gracias a trabajos suyos como The Tower of Druaga, Rolling Thunder o The Return of Ishtar definiría lo que se conoce como sonido Namco. Se puede apreciar en la entrevista con Ayako Mori como muchos otros compositores de la época idolatraban la calidad de las composiciones de Namco. Además de Junko Ozawa, otras compañías contaban también con mujeres en sus departamentos de sonido, como Mieko Ishikawa (que junto con Yuzo Koshiro compuso Sorcerian, Dragon Slayer y los dos primeros títulos de Ys) de Falcon o Kinuyo Yamashita (Castlevania, Gradius II), Satoe Terashima (Castlevania, Green Beret) y Miki Higashino (Gradius, Salamander, Life Force, Suikoden) de Konami. Nintendo ha tenido en sus filas a destacadas compositoras como Soyo Oka (Mario Kart, Pilot Wings) mientras que Fumie Kumatani de Sega firmó títulos para la empresa nipona como Nights into Dreams, Phantasy Star y Sonic Adventure. La segunda razón, es que como dice Yoko Shimomura en su entrevista para Redbull Music "los miembros de la dirección del equipo de sonido eran mujeres, y eso hizo que llegaran más mujeres". No es una observación trivial, porque a menudo la normalización de un hecho es precisamente lo que hace que deje de considerarse excepcional o extraordinario.

Diggin' in the Carts: Episodio 1. Entrevista con Junko Ozawa, pionera en música de videojuegos cuyos trabajos inspiraron a otros muchos compositores

sábado, 5 de septiembre de 2015

Banderas I

Durante la revolución nacionalista irlandesa de 1848, el joven Thomas Meagher, hijo del alcalde de Waterford, presentaba en el Water Tone Confederate Club, también conocido como Club Confederado, una nueva bandera que había de guiar al espíritu indepedentista irlandés, de esta y futuras generaciones. Hasta entonces la bandera indepentista irlandesa estaba representada por un arpa celta sobre un fondo verde. El mismo arpa celta que se puede ver en el reverso de las monedas de euro irlandesas (y en todos sus tipos de monedas: de 5 céntimos a 2 euros).

La nueva bandera, conocida como la tricolor irlandesa, estaba compuesta por 3 franjas verticales de igual tamaño. A la izquierda, una franja verde representaba a la Irlanda católica. A la derecha, una franja naranja representaba a la Irlanda protestante. En medio, una franja blanca simbolizaba la hermandad entre las dos Irlandas por alcanzar una patria común. Una semana después, alrededor del 14 de marzo, la nueva bandera era presentada en Dublín.

 La tricolor irlandesa, representa la paz entre la Irlanda Católica y la Irlanda Protestante

Se sabe que el joven Meagher había viajado a Francia a principios de 1848. Allí tuvo oportunidad de conocer a algunos de los líderes de la Revolución francesa de 1848, la que acabaría con la Casa de Orleans y daría lugar a la Segunda República Francesa. Si bien inspirado por el ferviente espíritu revolucionario francés y sus ideales de libertad (Francia significa tierra de los francos o de los hombres libres), la tricolor de Meagher recuerda notablementes a la bandera francesa. También se dice que la tricolor de Meagher no fue diseñada por él, sino que fue un regalo de Francia.

La tricolor francesa, bandera oficial de Francia desde 1830

Poco tiempo después, Meagher y dos de sus colegas eran arrestados por alzamiento y desterrados a Tasmania. Desde allí el joven irlandés lograría escapar a los Estados Unidos de América, donde formaría la Brigada Irlandesa que participó en la Guerra Civil Americana, pero eso ya es otra historia.

Entrado el siglo XX, y aprovechando el debilitamiento del Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial, surgía un nuevo movimiento indepentista irlandés. Durante la Semana Santa de 1916, un grupo de jóvenes nacionalistas irlandeses tomaba la sede de varios edificios importantes de Dublín, casi todos ellos cercanos a O'Connell Street, y alzaba la tricolor. Fue el conocido Alzamiento de Pascua. Durante esta convulsa semana se publicó el documento de Proclamación de la República de Irlanda.

Dos años después vendría la Declaración de Independencia, y a continuación la Guerra anglo-irlandesa que finalizaría en 1921 con un acuerdo de cese del fuego entre ambas partes y la división del territorio en dos: Irlanda del Norte e Irlanda del Sur. Un año más tarde, el gobierno británico aprobaba el Acta Constitucional del Estado Libre Irlandés, dominio bajo la Mancomunidad Británica de Naciones, que en principio comprendía a las dos irlandas. Sin embargo, el Tratado Anglo-irlandés, firmado tras el cese de la guerra, permitía a cualquiera de las partes, si así lo desease, a seguir perteneciendo al Reino Unido.

Como ya es conocido, Irlanda de Norte, compuesta mayormente por la provincia de Úlster, ejecutaría este derecho. Por su parte, el resto de provincias que constituían el Estado Libre de Irlanda, República de Irlanda a partir de 1948, optaría por permanecer independiente, adoptando la tricolor de Meagher como su bandera oficial.

lunes, 6 de julio de 2015

Bionic Commando

Bionic Comando fue un arcade de Capcom publicado en 1987. Posteriormente se haría una versión para NES, bastante diferente al original aunque manteniendo el mismo estilo de juego. La banda sonora del arcade es de Harumi Fujita. Junko Tamiya se encargaría de la adaptación de la BSO a la 8-bit de Nintendo, que conserva dos de los temas más destacados de la versión arcade. El resto son originales de Tamiya.

Bionic Commando para NES, fase 1 (la música es una versión de la fase 2 del arcade)

Muchos años después, la casa de videojuegos sueca Grin se hizo con la licencia de este título y lanzaría un remake para PS3. La banda sonora es totalmente nueva, salvo por el tema principal, que es una versión del de Junko Tamiya para NES. Lo cierto es que ese tema, quizás el más reconocible de Bionic Commando, fue uno de los dos que Tamiya conservó del original :)

La versión para PS3 es una reintepretación a piano realizada por José Luis González Castro. Conserva la melodía original pero incorpora muchos elementos nuevos y variaciones. Tengo que decir además que José Luis, músico pontevedrés especializado en música de videojuegos, es amigo y me resulta muy curioso analizar este recorrido, de más de 20 años, y observar esta conexión entre consolas y países tan alejados.

Le he comentado a José Luis que había pensado escribir esta entrada sobre Bionic Commando así que, probablemente, se pase por aquí y deje algunos comentarios interesantes sobre su versión a piano.

Tema principal de Bionic Commando para PS3

Además de Bionic Comando, Junko Tamiya también se encargaría de la banda sonora del arcade Strider, uno de sus trabajos más notables. Publicado a comienzos de 1989, Strider, nos situa en un futuro distópico donde el mundo es gobernado por un dictador llamado el Gran Maestro. Nuestra misión, por supuesto, derrocarlo. Para ello La Tierra ha puesto todas sus esperanzas en un strider, un ninja hi-tech, conocido como Hiryu. Este es el argumento oficial, pero visualmente Strider tiene clara inspiración soviética, con una primera fase situada en la capital de Kazafu (probablemente Almaty, capital de Kazajastán), tipografía en ruso o malos de fin de fase que recuerdan a Gorbachov. Curiosamente, el año en que se desarrolla el videojuego es 2048 (¿un guiño a 1984 o simplemente 60 años en el futuro?).

Banda sonora de Strider (arcade) por Junko Tamiya

Strider nació como un proyecto multimedia entre Capcom y el  colectivo de artistas de manga Moto Kikaku. Primeramente se publicó el manga, a finales de 1988. Posteriormente apareció el arcade y un poco más tarde una adaptación para NES. La versión para NES es más fiel al argumento original del manga, donde el Gran Maestro es un strider renegado conocido como Kain. Como nota curiosa, la versión para NES nunca llegó a ser publicada en Japón. Otro trabajo fruto de la colaboración entre Capcom y Moto Kikaku es la conocida saga de juegos Dinasty Warriors.

La carrera de Junko Tamiya en Capcom duraría un lustro. A lo largo de esos cinco años la joven compositora crearía, sobre todo, bandas sonoras de adaptaciones de arcade para la 8-bit de Nintendo, como Comando o Tiger Road. Para arcade destaca también su participación en bandas sonoras como 1943 y Final Fight, junto con casi todo el resto de miembros del Capcom Sound Team. Pero ¿Quiénes fueron este grupo de talentosos compositores?


De izquierda a derecha:  Kumi Yamaga, Manami Matsumae, Tamayo Kawamoto, Harumi Fujita y Junko Tamiya (en torno a 1989)

Hablar del Capcom Sound Team, el de la década de los 80 y primera mitad de los 90, no tiene nada que ver con el arte de copiar, aunque si bien cada miembro del equipo trabajaba simultáneamente en múltiples proyectos, dando lugar a bandas sonoras compuestas por varios artistas o trabajos readaptados a diferentes plataformas (como la de Bionic Commando a NES), mezcolanza en estado puro. Realmente mi motivación para dedicar un artículo al Capcom Sound Team es descubrir el impresionante legado, lleno de melodías inolvidables, de un grupo de artistas integrado fundamentalmente por mujeres. Pero eso será en otro post.

jueves, 25 de junio de 2015

Ketchup, cocina de fusión

Si pensamos en una salsa china probablemente lo primero que se nos venga a la cabeza sea la salsa agridulce, la salsa de ostras o la salsa hoisin. Pero quizás, la salsa china más conocida del mundo sea el ketchup. Sí, el ketchup es una salsa de origen chino con más de 300 años de historia. Sin embargo, el ketchup tal como lo conocemos hoy día es diferente al original chino. Principalmente porque lleva tomate y los tomates vienen de América :)

Podemos trazar el origen de esta salsa a través de su etimología. Al español nos llega a través del inglés (ket-chup), al inglés llega a través del malayo (kay-chap) y al malayo llega a través del amoy (kôe-chiap), un dialecto del sur de China.

Originalmente se trata de una salsa de pescado en escabeche, preparada fundamentalmente con salmón, tal como revela su escritura en caracteres chinos (鮭汁, jugo de salmón). La salsa fue traída a Europa desde Malasia por comerciantes ingleses a finales del siglo XVII. Sobre esta base los ingleses comenzaron a experimentar añadiendo nuevos ingredientes y adaptándola a los gustos locales. Durante mucho tiempo, la salsa catsup o ketchup de setas fue muy popular.

Los ingleses extendieron la salsa ketchup por todas sus colonias, incluidas sus territorios en el norte de América. Allí también la salsa gozaría de mucha popularidad y fue precisamente en las colonias americanas donde nació la variedad con tomate. Concretamente en el año 1817.

La primera receta con tomates llevaba anchoas, reminiscencia de la receta original a base de pescado. La popularidad de la salsa ketchup con tomates comenzó a crecer durante el siglo XIX por todo Estados Unidos. En la segunda mitad de siglo, comenzaría a comercializarse embotellada, produciéndose a nivel industrial. La necesidad de una mejor preservación de las salsas industriales, hizo que aumentasen los niveles de azúcar, edulcorando la salsa hasta dar lugar al sabor al que estamos acostumbrados hoy día. 

Mucha gente cree que fue el empresario norteamericano Henry Heinz quien inventó el ketchup. Lo cierto es que la salsa es el resultado de la variación y de la experimentación a lo largo de muchos siglos y culturas. Tampoco inventó Heinz la variedad con tomate ni tampoco fue la primera persona en embotellar y comercializar ketchup, ese honor le corresponde a Jonas Yerkes. Heinz tomó algo que ya existía y lo hizo enormemente popular, algo que sin duda también tiene su mérito.

martes, 16 de junio de 2015

El estándar MSX

Este mes se cumplen 32 años del lanzamiento del MSX.  Quizás algunos todavía recordarán este popular ordenador que se coló en las salas de estar de muchos hogares españoles a mediados de los 80, junto con el Spectrum ZX, Amstrad CPC y Commodore 64. Mucho menos conocido que sus competidores, el MSX llegó a gozar de bastante popularidad en su país de origen, Japón, y otros lugares como Holanda, Rusia, España y Sudamérica.

Sin embargo, el MSX fue algo más que un ordenador. En un mundo, el de la microinformática, en el que cada compañía fabricaba su propio hardware y diseñaba su propio software, incompatible con el resto de sus competidores, el MSX fue un intento por crear un estándar que permitiese a ordenadores de distintos fabricantes intercambiar programas y periféricos. En definitiva, una alternativa al IBM-PC que si bien llegó muy tarde. 

El estándar MSX fue definido por Kazuhiko Nishi, editor de la popular revista japonesa ASCII (también fabricante de periféricos y desarrolladora de software). Según la versión oficial, sus siglas significan MicroSoft eXtended, en referencia a la implementación de Basic que traía la ROM.

Muchas empresas niponas se unieron al proyecto y decidieron lanzar sus propias máquinas. Así aparecieron MSX fabricados por casas como Canon, Casio, Sony, Toshiba o Yamaha. Philips también se involucró en el proyecto lanzando su propio MSX, y es por eso que este ordenador gozó de buena popularidad en Holanda. Sin embargo también tuvo un notable éxito en España, donde la conocida empresa de videojuegos Opera Soft (autores de juegos como Livingstone Supongo o La Abadía del Crimen), implementaba software ofimático para el gigante holandés.


Después de MSX surgirían nuevas especificaciones como MSX-2, MSX-2+ o MSX turboR, estándares que volverían a implementar en su mayoría fabricantes japoneses. MSX-2 gozó de gran popularidad en su país de origen, pero llegaría a España en un momento en el que el mercado de la microinformática transitaba hacia el PC y hacia las consolas de videojuegos.

Lo interesante de toda esta historia es saber que realmente el MSX no fue un estándar creado desde cero. Fue más bien una retroespecificación, es decir, una especificación definida por un ordenador que ya existía en aquella época, el SV-328.


El SV-328 fue un ordenador creado conjuntamente por la americana SpectraVideo (gestión y marketing), la hongkonesa Bondwell (fabricación) y la empresa de Nishi, ASCII (software). Viendo el potencial que tenía el SV-328, Nishi decidió utilizarlo como base para una idea que ya le venía rondando por la cabeza varios años atrás y que era la creación de un estándar hardware que pudieran implementar distintos fabricantes. SpectraVideo accedió a la petición de Nishi, y tras algunos cambios nació el estándar MSX.

Otra de las acepciones del acrónimo MSX es la de Microsoft Software eXchange. Nishi era un gran amigo de Bill Gates, de hecho ASCII era la subsidiaria de Microsoft en Japón. Gates se entusiasmo al principio con el proyecto, pero pronto empezó a ver a MSX como una amenaza que podría rivalizar con IBM-PC y terminar con el fructífero negocio de MS-DOS.


Debido a las modificaciones que Nishi introdujo, el SV-328 no llegó a ser completamente compatible con MSX, aunque se comercializaba como tal.